Crítica de ‘Code 8’, distopía a medio gas

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Hoy mismo ha arrancado la nueva edición del Sitges Film Festival y, como cada año, nos encanta darle el pistoletazo de salida con la visualización de un título menor de los que siempre se queda a la sombra de la película del día que no es otra que la de la inauguración.

Pero lo cierto es que teníamos ganas de comprobar que tal le había sentado al notable cortometraje ‘Code 8’, de Jeff Chan, su paso al largo tras su campaña de crowdfunding bajo el amparo de dos estrellas (menores, pero estrellas al fin y al cabo) como los hermanos Amell, Stephen (al que muchos conoceréis por ser el ‘Arrow’ del universo televisivo de DC) y Robbie (curiosamente también conocido por colaborar en la serie de DC ‘The Flash’).

Y para ser sinceros, el resultado ha sido bueno… pero insuficiente. Cogemos el mismo punto de partida, con el mismo protagonista (Robbie) y el mismo entorno sci-fi, añadiéndole para la ocasión unas gotas de drama (tan expandido como irregular) y de thriller vestido de cine de atracos. ¿El problema? Se queda a medio camino de ambos sin explotar adecuadamente las cualidades de cada uno.

Si bien la premisa que nos plantea el director y guionista resulta interesante aunque mil veces vista, con una motivación por parte de su protagonista más que convincente, debiendo ganar el suficiente dinero para curar a su madre en el marco de una sociedad injusta donde los humanos con habilidades especiales son despreciados, marginados y temidos en lugar de admirados y potenciados (véase ‘X-Men’), su desarrollo peca de falta de ritmo y explosividad.

La relación entre ambos protagonistas condenados a entenderse funciona correctamente, no así la historia de ¿amor?/necesidad que se crea con la chica de la función con un final previsible e innecesario (qué bien le habría sentado al film un fundido a negro definitivo al cerrar la puerta de la secuencia del hospital… mucho más reflexivo y totalmente abierto al espectador) o el policía repleto de moral (excesivamente exagerado esa dupla poli bueno/poli malo tan tópica).

Si además las secuencias de acción no resultan todo lo trepidante que debieran, en parte lastradas por su obvia falta de presupuesto, y su epílogo se prodiga innecesariamente en exceso, nos quedamos con un producto que va poco más allá del entretenimiento puro y duro. Una lástima porque prometía más y finalmente se ha quedado en la mitad del camino.

Nota: 6

Lo mejor: Sin ser nada nuevo, la premisa nos parece muy interesante y la estética de lo más adecuada. Los hermanos Amell.

Lo peor: Le falta energía, presupuesto y valentía.

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