Crítica de “El Árbol de la Sangre”, la gran telenovela de Julio Medem

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La pantalla se ilumina y ante nosotros tenemos un bonito plano de un árbol. Unas manos se entrelazan, los protagonistas se encuentran rodeados de naturaleza, se respira mucha tranquilidad, aunque sabemos que la tormenta llegará.

Marc (Álvaro Cervantes) y Rebeca (Úrsula Corberó) son nuestro pareja protagonista, él es catalán y ella andaluza. Todos los escenarios se encuentran entre Cataluña, País Vasco y Andalucía.  La pareja decide reunirse en un antiguo caserón familiar que se encuentra en el País Vasco, con la intención de escribir un libro con su historia familiar, sincerarse el uno con el otro y crear así una especie de árbol genealógico que enlazará a tres generaciones de estas dos familias.

Pero el lío va de menos a más. Cada vez la historia se complica más, cada vez salen a la luz más secretos, más historias (y algunas bastante inverosímiles). Por sino había suficiente en enlazar las tres comunidades autónomas en su historia familiar, Medem añade la mafia rusa para acabar explicando algunas de las tramas del film.

Esta extraña mezcla hace que parezca una telenovela, pero de esas que consiguen enganchar, especialmente desde la segunda mitad de la película hasta su final. El guión y los enredos aveces pueden pecar de poco creíbles. Otro dato poco verosímil es que Najwa Nimri sea Andaluza.

Por otro lado, algunos de los personajes no consiguen captar la atención del público. Daniel Grao y Joaquín Furriel tienen los papeles más irreales de la historia que nos cuentan. Estos dos personajes son hermanos y participan activamente en la trama de la mafia. Fruye entrelaza y aparece en todos (o casi todos) los enredos familiares, pero ambas actuaciones no destacan.

Los que sí consiguen emocionar son Úrsula Corberó y Álvaro Cervantes, sus actuaciones destacan notablemente en la cinta. Estos dos actores (que estudiaron juntos y son amigos desde hace años) tienen una buena química en pantalla, según el director esto se notaba en el rodaje. Úrsula consigue cada vez más, tanto en el cine como en la pequeña pantalla (La Casa de Papel) el aplauso del público.

La montadora Elena Ruiz consigue un magnífico trabajo, empastando perfectamente el pasado y presente, encajando las piezas de este puzzle que los seguidores de Medem recibirán gratamente, pues conserva prácticamente todas las señas de identidad de su forma de entender el cine. Eso sí, seguramente seguirá sin entusiasmar a los que no entren en su universo.

Nota: 6’5/10.

Lo mejor: El montaje y las actuaciones de su pareja protagonista.

Lo peor: El guión creará opiniones muy dispersas así como la credibilidad de algunos líos familiares.

Chris Perquer

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