Crítica “COCO” de Lee Unkrich y Adrián Molina

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Después de varias obras de contrastada y notable calidad como la original El Viaje de Arlo (Peter Sohn, 2015) o las secuelas Buscando a Dory (Andrew Stanton y Angus MacLane, 2016)Cars 3 (Brian Fee, 2017), pero alejadas de lo mejor de la factoría Pixar, el estudio vuelve con una verdadera joya que poco tiene que envidiar a otros títulos tan míticos como Toy Story (John Lasseter, 1995)Monstruos S.A. (Pete Docter, Lee Unkrich y David Silverman, 2001)Wall-E (Andrew Stanton, 2008), Up (Pete Docter y Bob Peterson, 2009) o la más reciente Del Revés (Pete Docter y Ronnie Del Carmen, 2015).

Para ello, se han adentrado en el folklore mejicano y, más concretamente, en la celebración del Día de Muertos, que tan buenos resultados le dio al film producido por Guillermo Del Toro, El Libro de la Vida(Jorge R. Gutiérrez, 2014) que, más allá de compartir el mismo contexto y escenario, poco tienen que ver entre si.

De esta manera, la película Coco (Lee Unkrich y Adrián Molina, 2017) cuenta la historia de Miguel, un joven con el sueño de convertirse en leyenda de la música a pesar de la prohibición de su familia. Su pasión le llevará a adentrarse en la “Tierra de los Muertos” para conocer su verdadero legado familiar.

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La familia siempre ha sido un tema muy recurrente en la filmografía de Pixar, y Coco no es una excepción, es más, probablemente sea una de las películas que más importancia e hincapié hagan en él, gracias al excelente guión que han firmado el propio Adrián Molina y Matthew Aldrich.

Un intenso, emotivo y colorido viaje en el que Miguel, nuestro protagonista, desobedece las normas de su familia y decide escaparse para participar en el concurso de talentos anual, lo que le llevará a quedarse atrapado en la tierra de los muertos y tratar de encontrar la forma de regresar a su mundo gracias a la ayuda de sus antepasados y, sobretodo, de un curioso, extraño pero encantador personaje de nombre Héctor, con el que labrará una relación muy especial en la búsqueda de su padre, el gran músico Ernesto de la Cruz.

Es precisamente durante ese recorrido, en el que podemos apreciar lo bien que funciona el guión, con un desfile de personajes, tanto principales como secundarios, de lo más interesante, y un desarrollo que funciona a la perfección, tanto para los más pequeños de la casa como para los más adultos. Y es que el tratamiento que recibe algo tan complicado y complejo como la muerte, es digno de admiración.

A nivel de animación la película ronda la más absoluta brillantez. Y es que Coco es una exhibición pura y dura de las cotas tan elevadas que puede alcanzar la técnica a día de hoy. Así, además de la explosión de colores, escenarios detallados y cuidados al centímetro, y parajes increíbles, los personajes de la cinta rozan una calidad en la que cada día es más difícil separar la línea entre lo real y lo animado.

Para un ejemplo, el maravilloso diseño de la entrañable bisabuela Coco, en la que cada arruga y cada sonrisa desprenden un halo de humanidad que nos llevará a soltar más de una lágrima a medida se acerque el final de la obra.

Pero no todos los personajes funcionan de la misma forma. Tanto la familia viva de Miguel, como especialmente la muerte y su adorable compañero de viaje en forma de canino, poseen una imaginativa personalidad tanto visual como interna, que harán imposible que logremos empatizar con todos y cada uno de ellos, estando más o menos de acuerdo con sus actos, aunque todos ellos estén bien justificados. Mención especial para el “villano” de la función, sin duda uno de los puntos fuertes del film y que, obviamente, voy a evitar reseñar para no caer en el spoiler que os disfrute este emocionante viaje.

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No me gustaría terminar esta crítica sin hacer referencia a la gran partitura de Michael Giacchino y, como no, a las composiciones creadas por el matrimonio López, cuyas canciones ya nos atraparon en Frozen: El Reino del Hielo (Chris Buck y Jennifer Lee, 2013). Y los siguen haciendo a día de hoy.

En resumen, Coco tiene todos los ingredientes necesarios para convertirse en la gran película de animación de este año, y de los últimos, gracias a una muy inspirada reflexión sobre la familia, la vida y la muerte, así como de su legado y la importancia de mantener vivo su recuerdo.

Y sí, además, sois de los que disfrutáis de un telón de fondo tan gratificante como es la música, aunque en algunos momentos parezca que se vaya a ir por el lado más negativo de esta y su fama, gozaréis por partida doble. Si alguien había perdido la fe mayúscula en el porvenir de Pixar, aquí encontraréis una fresca, divertida y sentimental razón para recuperarla.

Gracias Coco.

Nota: 9/10

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