Crítica de “Stoker”: Park Chan-Wook reinventa un mito

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Hace un par de semanas que llegó a nuestras carteleras el nuevo trabajo del cineasta coreano Park Chan-Wook, responsable, entre otras, de la llamada trilogía de la venganza formada por Sympathy for Mr. Vengeance, OldBoy y Sympathy for Lady Vengeance, en las que ya definía claramente su estilo tanto visual como narrativo, así como su fascinación por los ricones más oscuros del ser humano y su naturaleza vengativa. Stoker, su primera película en tierras EstadoUnidenses, no se aleja en demasía de estas directrices aunque centra su atención principal en otros recursos y comportamientos más oscuros de nuestra espécie, sin dejar de lado sus particulares obsesiones. De hecho, y como explicaré a continuación, estamos ante una puesta al día muy personal, más moderna y humanizada, del mito del vampiro y erotismo que este despierta a su alrededor.

La historia nos situa en lo siguiente: “cuando India Stoker (Mia Wasikowska), una adolescente,  pierde a su padre (Dermot Mulroney) en un trágico accidente de coche el día en que cumple 18 años, su vida se hace añicos. Su impasible comportamiento oculta profundos sentimientos que sólo su padre comprendía. Cuando Charlie (Matthew Goode), el hermano de su padre, aparece por sorpresa en el funeral, decide hacerse cargo de ella y de su inestable madre (Nicole Kidman). Aunque al principio desconfía de su encantador y misterioso tío, pronto se da cuenta de que tienen mucho en común“. Nada especialmente nuevo ni llamativo en el horizonte, en un argumento que tranquilamente podría ser el de cualquier tv movie de producción alemana de las que acostumbran a dominar las sobremesas de nuestros domingos. Pero aquí lo verdaderamente importante no es lo que se nos cuenta, sinó la forma en la que lo hace, y ahí Stoker resulta una película maravilllosa, con una dirección, fotografía, montaje y dirección de acortes brillante.

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El film de Park rezuma una atmósfera vampírica de principio a fin, con una multitud de detalles, algunos de ellos que pueden resultar tan relativos o sugerentes, que pueden abrir cierta via de discrepancia con mi opinión, pero que me han provocado una serie de sensaciones que me mantienen firme y seguro en mi postura, equivocada o no. Desde el propio título de la película que nos remite de forma irremediable al nombre de Bram Stoker y su creación más célebre, Drácula, el look de sus personajes, la presencia de las sepulturas partiendo de la primera aparición de Charlie, la relación y comunicación no verbal entre él e India, así como sus apariciones en los distinitos escenarios y situaciones, y la fascinación por el dolor y la sangre de la joven protagonista, con su despertar sexual brillantemente narrado como metáfora através de una simple araña recorriendo sus piernas desnudas… en fin, demasiadas razones que nos inducen a pensar que el vínculo entre su personaje masculino y el mito del vampiro no pueden ser tan casuales o equivocados como un principio puedan parecer.

El motivo, o algunos de ellos, por lo que todo lo anterior funciona tan bien y surje su innegable efecto en el espectador, se lo debemos a una inconmensurable planificación y diseño de planos, excelentemente dirigidos por el cineasta coreano, en los que constantemente juega con las apariciones y desapariciones en el plano de los personajes, sus escalas, convergencias y divergencias, los juegos con los espejos de la casa y sus reflejos, así como las largas secuencias de conversación entre los personajes, en los que el director define a todos y cada uno de ellos perfectamente gracias a un simple enfoque o movimiento, en la línea del mejor Bergman. Y esto, señores y señoras, es lo que llamamos CINE, así, en mayúsuculas. Un resultado que se ve exponencialmente elevado gracias al inteligente uso de la fotografía de Chung-hoon Chung y los usos del diverso material de atrezzo, otro de los grandes protagonistas del film.

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Los actores realizan un trabajo mucho más que notable, especialmente en el caso de los dos protagonistas, aunque Nicole Kidman en el papel de madre de India, gracias a su aura de viuda negra casi fantasmal ralla un gran nivel a pesar de su rol más secundario aunque imprescindible para el devenir de la historia. Mia// Wasikowska se convierte en una adolescente tan frágil a la par que inquietante, que evoluciona constantemente y se apodera por completo del peso de la trama, siempre de la mano de un Matthew Goode fascinante en su papel de Charlie, que nos atrapa e hipnotiza sin posibilidad de escapatoria para el espectador. Un galán capaz de enamorarnos e inquietarnos al mismo tiempo. ¿Acaso no son estos algunos de los rasgos más característicos de la figura del vampiro? Ambos se convierten en una extraña pareja capaz de sacar a la luz nuestros instintos y deseos más oscuros en un ritual del que nos sentimos partícipes de princpio a fin.

Esto es Stoker, uno de esas pequeñas grandes maravillas de las que en contadas ocasiones tenemos el placer de disfrutar en una sala de cine, que nos compaña en nuestro subconsciente una vez nos levantamos de nuestra butacada, y que poco a poco va creciendo en nuestro interior de forma practicamente imperceptible. Una lástima que no llegue a muchas salas ni muchos espectadores tengan el buen tino de acercarse a ella o valorarla en su justa medida. Son tantos detalles, y tantas extraordinarias metáforas visuales, que nos hacen muy difícil desprendernos de su recuerdo una vez finalizada, dejando un buen poso en nuestra memoria. Gran parte de su culpa reside en un montaje espectacular que hace de las secuencias más intentas y relevantes, especialmente en su clímax final, una gran experiencia cinematográfica. Por cierto, como suele ocurrir en las obras de Park, como en su anterior Thirst, aquí también nos obsequia con grandes dosis sexuales aunque alejadas del tópico que podamos esperar. ¿Qué me decís de la araña citada anteriormente, del significado del cinturón de Charlie o de la maravillosa secuencia del zapato que este le entrega a India cual cenicienta de cuento gótico? Una delicia. Quizás como única pega encontramos un final algo convencional y teñido de happy ending que resulta algo previsible y falto de la garra esperada, pero poco se puede objetar cuando uno se encuentra ante una pieza artística de tal calibre. 9/10. Lluís García.

Lo Mejor: La fuerza y talento visual de la película. Dirección, fotografía, montaje, actores, …

Lo Peor: Quizás uno se espere un final más arriesgado, pero en ningún caso resulta una decepción.

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